Cuando la ola emocional arrasa

¿Te ha pasado que no puedes “controlar” tus emociones?

¿Te ha pasado que reaccionas de una forma brusca o muy intensa que te perjudica a ti o a tus seres queridos?

¿Y que cuando logras darte cuenta de lo que pasó, esa “ola emocional” ya te arrastró varios metros en la arena?

Creo que la respuesta es Sí. Y lo normal es que sea sí. ¡Eso significa que eres humano! 🙂

Todos hemos experimentado oleadas emocionales que nos dan varias vueltas, nos sumergen en el torbellino y nos sacan raspados, confundidos y cansados.

La vida marítima vs la vida real

Si hemos podido explorar el mar lo suficiente, nos hemos dado cuenta que hemos de actuar de cierta manera con las olas: meternos debajo de ellas y nadar, estar calmados, saber cuando el mar está demasiado “picado” etc.

¡Y qué satisfacción el poder meternos al mar y disfrutar, en vez de temer que cada ola nos hunda!

Recuerdo una de las primeras veces que una ola me hizo dar como cinco vuelta-gatos, el papá de mi mejor amiga tuvo que rescatarme y qué miedo me dio.  🙁

¿Qué experiencias has tenido tú en el mar?

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En la vida real, podemos sentir una inmensidad de ola venir, pero esta vez, está compuesta de emociones intensas y pensamientos rápidos.

Si no somos capaces de “surfear” o “mantener la calma” esas olas emocionales nos pueden llevar a reaccionar de formas que después nos arrepintamos. Y puede ser cualquier emoción: olas de ira, olas de depresión e impotencia, olas de miedo y ansiedad.

Cómo la ola crece

Jill Bolte Taylor, neurocientífica y autora de “Un ataque de lucidez” dice lo siguiente:

“Cuando una persona tiene una reacción a algo del ambiente, hay un proceso químico de 90 segundos que tiene lugar en el cuerpo; después de eso, cualquier respuesta emocional residual es sólo la persona escogiendo quedarse en ese bucle emocional”

¡Wow! que frase mas impactante.

Esto quiere decir que después de esos primeros 90 segundos, si las emociones siguen subiendo e intensificándose es porque se engancharon con pensamientos negativos, eso hace que uno se sienta peor y eso a su vez genera más pensamientos negativos. Ese es el bucle. Esa es la ola.

Por ejemplo: 

Vas en el carro o en la moto camino al trabajo. De repente una camioneta se te tira enfrente y te entra una ola de miedo-enojo. Le pitas y sigues manejando con esas emociones. Entonces piensas en lo mal diseñadas que están las calles, en los hoyos que hay y en los que van a haber después de las lluvias. Recuerdas de nuevo la imagen de la camioneta rozando tu carro o moto, empiezas a pensar malas palabras, conduces más rápido. Hay alguien lento enfrente tuya, le bocinas también. “Todos conducen fatal” piensas mientras ese carro te bocina de regreso. Todo esto te genera mal humor. Entras al trabajo molesto/a y cansado/a, una hora después del evento original.

Otro ejemplo:

Tu pareja está algo distraída en el teléfono, la/lo notas un poco distante también. A la hora de colgar, no te da las buenas noches de forma tan cariñosa y eso se siente mal. Hay un poco de ansiedad en tu cuerpo. Entonces piensas rápidamente: “algo debe estar pasando”, “normalmente no es así”, eso te genera más ansiedad. “Tal vez ya se aburrió de la relación”, “Tal vez se le fue la ilusión”. Eso genera malestar en el estómago. Al día siguiente, no le escribes pero pasas revisando tu whatsapp cada media hora. Cuando te escribe al medio día te sientes molesto/a y actúas distante.

No todas las olas emocionales son conscientes

Los dos escenarios que acabo de describir son bastante claros. La persona podría rastrear su mal humor o su ansiedad al origen relativamente fácil. Sin embargo a veces nos siempre es así.

  • A veces nos sentimos de mal humor sin saber por qué.
  • Nos sentimos deprimidos sin una causa obvia.
  • Tenemos mucha ansiedad sin un motivo aparente.
  • O disfrazamos un malestar por otro
Por ejemplo: 
  • Te molestaste tan fuertemente porque alguien hizo una broma relativamente inofensiva, pensabas que era por la broma pero en realidad, alguna vez te molestaron con eso de pequeño.
  • El día anterior de tu reunión más importante en el trabajo, no pudiste dormir y te dio gastritis. Tú pensabas que era por haber trabajado tanto pero en realidad es porque en el fondo tienes miedo a no ser capaz y a experimentar un rechazo.
La resistencia

Tanto en la vida real como en la vida marítima, resistirse es mala idea.

Paradójicamente lo que uno resiste persiste. Y es por eso que hemos de ser capaces de sentir la emoción y verla de frente y al hacer esto, la misma emoción baja sola.

Si tratamos de controlar la emoción, esta nos va a controlar a nosotros.

Las tres reacciones mal-adaptativas al sentir una emoción

Existen tres reacciones básicas que nos perjudican al tratar de lidiar con una emoción:

1. Rumiación

Quiere decir pensar y re-pensar una situación de forma obsesiva. Conectándola con eventos pasados, imaginando posibles escenarios negativos, etc. Esto hace que nos sintamos cada vez peor.

2. Actuar de forma reactiva

Al sentir una emoción negativa, actuamos inmediatamente. Tal vez atacando, agrediendo, renunciando, alejándonos desde la pura emoción sin pensarlo. Esto hace que actuemos de una forma que en realidad no hubiéramos querido.

3. Represión

Quiere decir negar y obviar las emociones. Eso nos puede causar los siguientes “efectos secundarios”: – Cansancio: nuestra mente se ve obligada a estar activamente reprimiendo y para eso se necesita mucha energía, por lo que nos agota.

– Más problemas: las emociones son tan rápidas, que antes de decidir que las queremos reprimirlas ya se manifiestan en todo nuestro cuerpo en términos de gestos, tensión, cambios de voz etc. Y eso confunde a los demás. Aunque digamos “no me pasa nada” lo más probable es que nuestro cuerpo diga lo contrario, iniciando más conflictos.

– Enfermedades psicosomáticas: el reprimir las emociones nos puede llevar a enfermedades y malestares: dolores de cabeza, gastritis, dolor de espalda etc. Mas ansiedad o depresión.

Entonces ¿cómo surfear una ola emocional?
1. Consciencia del cuerpo

En el momento que sientas que venga una emoción, quédate en tu cuerpo. Sé consciente de lo que está generando en ti. Eso se llama awareness o consciencia.  Si en la vida marina nos metemos debajo de la ola, en la vida real nos sostenemos mediante la consciencia del cuerpo.

Por ejemplo: Me enojé muchísimo cuando la camioneta pasó tan cerca de mí. Siento la ola de enojo, siento las mejillas rojas, siento las manos que se empuñan.

2. Aceptación

En vez de resistirte ante lo que sientes (que lo hace mas grande y te hace sentir sin control), métete de lleno a lo que estás sintiendo y nombra esa emoción mientras la sigues sintiendo en el cuerpo. Eso hará que la intensidad de la emoción baje por si sola.

3. Respiración

Respira, haz una pausa. Tara Brach le llama “la pausa sagrada”. Obsérvate sin juicio, sigue presente.

Por ejemplo: respiro para dar lugar a la consciencia de lo que está pasando. Yo estoy observando lo mucho que me enojó esa camioneta. Ojo: No es lo mismo identificarse totalmente con el enojo que observar el proceso del enojo en mi cuerpo, en mi mente.

4. Compasión

Soy compasiva conmigo mismo/a. Me doy cuenta que eso me afectó. Me veo con gentiliza, hay un deseo de cuidarme a mi mismo/a. No me juzgo, no me avergüenzo de mi reacción. Es simplemente mi humanidad.

Ejemplo: wow, veo que la forma en cómo me habló mi novio/a me afectó. Hay una parte de mi que tiene mucho temor a que se aleje.

5. Elijo mi respuesta

Muchas veces las emociones están ahí para avisarnos algo. El miedo me ayuda a prevenir un daño, el enojo me hace que ponga un límite o me proteja, la tristeza nos suele acercar a los demás.

Piensa si la emoción te está diciendo algo y si has de actuar al respecto.

Por ejemplo: en el carro, el miedo fue natural y el enojo también como respuesta a un posible choque. Probablemente esa adrenalina fue la que me hizo reaccionar rápido. Ahora que eso ya pasó puedo respirar y re-enfocarme.

Con respecto a mi novio: si siento que él está algo distante y me da tristeza pensar que no siente lo mismo. Tal vez he de recordarme de todos esos momentos que sí me ha demostrado amor y eso me hace sentir un poco más segura, al mismo tiempo tal vez pueda buscarlo y darle cariño buscando una reafirmación de su parte también. Eso es mejor que actuar igual de distante que él o reclamarle sin pensarlo.

Tú puedes hacerlo

Confía en que tú puedes sentir tus emociones sin perder el control, sin ahogarte. Puede que dé un poco de miedo, como en el mar. Pero todos los seres humanos tenemos esa capacidad de surfear las olas o de meternos dentro.

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Cómo surfear la “ola emocional” en vez de ser arrastrada por ella
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