Cuando cumplí alrededor 16 años recuerdo que estaba muy emocionada. Iban a llegar varios amigos a mi casa, mis amigas de siempre pero también algunos chicos, incluyendo el que me gustaba en esa época.

Mi hermana me había regalado una blusa muy bonita, pegada, mangas que llegaban hasta los codos, color corinto (rojo oscuro) con unos adornos de colores pintados. La verdad me quedaba bien pero temía usarla el día de la fiesta por mi gran problema: cuando me estresaba solía sudar muchísimo y el sudor me estresaba más y por lo que seguía sudando. Era un círculo vicioso inescapable.

Mi mamá y hermana insistieron en que me quedaba bonita y me la pusiera para mi cumpleaños, así que en el día esperado, echándome como tres capas de desodorante, me arriesgué a usarla. Además que, tanto antes como ahora, no puedo resistirme a usar una ropa nueva. Si es nueva, ¡la quiero usar ya!

El día de la celebración llegó. Mis amigas llegaron primero, luego los otros chicos y poco a poco empecé a sentirme cada vez más nerviosa. No recuerdo que fuera por algo en específico, solamente estar cerca de chicos (toda una vida en colegio de mujeres, sin primos, sin amigos hombres) ya disparaba mi timidez y ansiedad.

Mi nerviosismo casi siempre estaba emparejada con esa avergonzante sudoración que iba en aumento: de húmedo a mojado y a veces empapado.

Ese día había llegado ya a realmente mojado y no tenía mas remedio que caminar por la casa como robot: moviendo los brazos pegaditos a mis costados, sin hacer ningún movimiento brusco que delatara mis grandes “panqueques”.

Realmente fue un gran sufrimiento, lo más duro es que era un sufrimiento en soledad: nadie más sabía lo que estaba pasando, por dentro yo sonreía y pretendía estar pasándola bien, pero todo mi cuerpo estaba en estado de pánico y estoy segura que los demás podían percibir mi estrés y angustia de alguna manera.

Puedo recordar el sentimiento de sentirme fuera de lugar, inadecuada, torpe socialmente, insegura.

Lo que más me duele es que yo misma no estaba ahí para apoyarme. Yo me decía cosas como: “que fea te ves”, “otra vez sudando”, “se están burlando de ti”, “seguro ya se dieron cuenta”.

En algún momento del cumpleaños subí a mi cuarto para ir al baño y observar los grandes charcos debajo de mis brazos: ya no había forma de taparlos caminando como el “robot”. “Tampoco podía cambiarme de blusa” pensaba, porque se iban a dar cuenta o alguien me cuestionaría. Decidí usar un suéter naranja grueso (el más reciente que tenía) y aunque yo sabía que no combinaba con la blusa, que me iba a hacer sudar más y que se miraba extraño porque hacía calor, por lo menos iba a tapar mis dos panqueques símbolos de mi timidez y rareza.

Bajé con el suéter grueso, tratando de hablar con mis amigas como si nada, pero en ningún momento logré bajar mi guardia. Creo recordar que mi mamá a los pocos minutos me preguntó ¿tenés frío? con cara de extrañeza a lo que supongo que le respondí “un poco”. Claro, no sabía qué mas decir. Sólo quería que el día terminara.

En mi cumple 16. Editado para ofrecer privacidad a mis amigas/hermano. ¡Los quiero mucho! <3
La conexión con uno mismo

A parte de la gran timidez de la que sufría, (que gracias al paso de tiempo y trabajo personal, ya queda menos)  lo que más me asusta es lo poco conectada que estaba conmigo misma.

En ningún momento pude tratarme con gentileza y mucho menos pude ser natural o auténtica (señales de una conexión sana con uno mismo)

Estaba lo más sola que podía estar, porque no dejaba que nadie más se enterara, pero yo tampoco me permitía ayudarme.

Lo que hubiera querido decirme a mí misma

Se me llenan los ojos de lágrimas al pensar lo mucho que me necesitaba.

Hubiera querido decirme: “Tranquila Naty linda, sólo estas nerviosa, no pasa nada”, “No tiene nada de malo que te cambies de blusa, si alguien te pregunta sólo di: <me dió calor> y listo”, “No tiene nada de malo el sudor, Naty, disfruta”

Hubiera querido hacer sentirme bien. Sentirme relajada, confiada, disfrutando con aquellas personas que llegaban por mi. La obsesión que tenía por cómo los demás me miraban en verdad me alejaba de los demás, no podía tampoco conectarme con ellos.

La herramienta más poderosa en mi vida

Sin lugar a dudas, la herramienta más poderosa que he podido desarrollar hoy en día es la capacidad de observarme desde fuera, ver cómo me siento y ser capaz de validar mis emociones, tratándome con cariño, gentileza, compasión. Sea lo que sea que esté pasando allá fuera.

De esa manera puedo utilizar todo mi cerebro integrado en vez de estar usando sólo mi partes desconectadas.
¿Qué quiere decir cerebro integrado?

Es decir, nuestro cerebro tiene diferentes partes, hay una parte que sirve sólo para la sobreviviencia y cuando nos domina,  actuamos en automático, reaccionamos sin medida o nos sentimos abrumados totalmente por nuestras emociones sin sensación alguna de control o poder personal.  (Lo que me pasaba más constantemente antes)

Pero si integramos a la parte emocional con la parte más nueva de nuestro cerebro en términos de evolución (que tiene que ver con la capacidad de auto-observarnos, utilizar la compasión, empatía, resolución de problemas, regulación de emociones) entonces todo el escenario cambia.

  • Podemos ser capaces de observar  y aceptar nuestras emociones Y al mismo tiempo no ahogarnos con ellas.
  • Podemos escuchar a nuestro crítico interno diciéndonos cosas como “eres tonto” o “eres raro” o “eres feo” Y al mismo tiempo no identificarnos con ésto, mas bien ver con compasión esa parte de nosotros que se ha tomado el rol de criticarnos. Saber que no es nuestro yo verdadero. Retornar a nuestra seguridad,  calma y auntenticidad.
He comprobado  varias veces que, si logro estar conectada conmigo misma, puedo hacerme sentir bien, a voluntad.

Esto no quiere decir cambiar las circunstancias externas, pero sí puedo elegir cómo percibir lo que me pasa, cómo reaccionar y cómo hacerme sentir que, pase lo que pase, todo está bien.

En palabras del psiquiatra Dr. Siegel

El psiquiatra Dr. Siegel, autor de numerosos libros basados en las últimas investigaciones de la neuropsicología habla del término “Mindsight”, que se ajusta a esta historia.

“Mindsight”  según como yo lo veo, es la habilidad especial que tenemos para conectarnos con nosotros mismos y los demás.

Esto es lo que dice:

“Mindsight describe nuestra capacidad humana para percibir la mente propia y de los demás. Es un lente poderoso por el cual podemos entender nuestra vida interna con más claridad, integrar el cerebro y mejorar las relaciones con los demás. Mindsight es un tipo de atención que nos permite ver el funcionamiento interno de nuestra mente. Nos ayuda a salirnos del auto piloto de comportamientos habituados. Nos permite <nombrar y domar> las emociones que estamos experimentando, en vez de sentirnos abrumadas por ellas.”

Un trabajo para toda la vida

Según Siegel, el Mindsight es una habilidad que se puede aprender. Esta habilidad que está directamente relacionada con la inteligencia social y emocional. Cuando desarrollamos esta capacidad, nuestro cerebro puede cambiar estructuralmente. Esta revelación está basada en los últimos descubrimientos científicos de los últimos veinte años: la forma cómo enfocamos nuestra atención configura la estructura de nuestro cerebro. La neurosciencia ha demostrado que podemos hacer crecer estas conexiones a través de toda nuestra vida, no solamente en la niñez.

Preguntas para ti

¿En qué momentos se te dispara a tí la ansiedad, el estrés o la vergüenza?

¿Cómo te tratas a tí mismo/a en esos momentos? ¿Cómo tratas a los demás?

¿Logras verte desde fuera, sabiendo que estas palabras críticas de “no puedo”, “no soy lo suficiente” o “soy un/a tonto/a, inútil, etc” no son realmente lo que verdaderamente eres?

¿Puedes reconectarte contigo mismo/a?

¿Crees que te serviría conectarte contigo mismo/a de forma diferente?

Hoy en día

Hace unas semanas estaba en una cena con unas amigas. En algún momento dije algo que me hizo sentir tensa y regresó en mi una sensación de ansiedad, inadecuación. Si,  A veces retornan en mi sensaciones de “ser diferente o tener algo malo”, pero ahora ya sé que es parte de mi cassette antiguo, literalmente cassette. Al darme cuenta de los pensamientos y las sensaciones que estaba teniendo, pude reconectarme conmigo misma a voluntad. Con esta parte sabia, compasiva y segura que está en mi (y en todos).

El reto humano

La razón por la que escribo este blog, es para “ayudar a conectarte contigo mismo y los demás” y mi intención en este post es poder describir de una forma mas real a qué me refiero con”conectarnos con nosotros mismos”.

Todos estamos en el mismo camino

Esta es nuestra tarea, nuestro camino diario: conectarnos con nosotros mismos desde la auto observación compasiva, amorosa, calmada, segura.

Sé que no es fácil al principio, pero es una habilidad que se puede aprender, practicar e incorporar en nuestras vidas. Yo lo  he comprobado muchas veces. Espero que si ya lo estás haciendo, te sientas más animado/a y si aún no lo has probado, tengas la certeza que SI SE PUEDE. 🙂

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