El amor propio

Hace poco estaba con una amiga desayunando en un restaurante muy moderno en Guatemala. Mi amiga acababa de dar un taller,  yo había llegado a ayudarla. El restaurante tiene un gran espejo en un costado. Sentada, desayunando con mi amiga y otra chica más, volteé a ver de reojo y me vi  de sorpresa. Me sonreí y me mandé amor. Hubo una complicidad conmigo misma. Un apoyo incondicional.

¡Doy gracias por esos momentos!

Fue una muestra de amor espontáneo, real y consciente.

Estos momentos no siempre vienen tan naturales.

El amor a uno mismo se asemeja mucho a sintonizar un canal de radio. Hemos de captar la frecuencia. El cerebro funciona como antena, que con práctica, sintoniza la frecuencia del amor y la aceptación.

No siempre se me facilitó encontrar la frecuencia.

Hasta hace unos años, no sabía ni que existía. Sin embargo encontré que tenía esa capacidad de amarme realmente, y me sorprendí lo dura que era conmigo misma, todos los días.

A veces tengo que parar en seco a mi crítico interno. En ocasiones necesito mi cuadernito y escribir lo que viene a mi mente.

“¿A ver, qué es lo que mi crítico me está diciendo?”  Y anoto como la secretaria del diablo, todo lo que me dice, sin filtro.

Esto me ayuda a darme cuenta de lo que está pasando por mi mente, sin identificarme.

Por ejemplo: esto fue ayer.

Cuando uno lo escribe, se da cuenta que la mente es un loro,  repite las mismas palabras. En mi caso, la palabra “tarde” fue la más popular. Está bien. Esa es la naturaleza del pensamiento: es cíclico y repetitivo. Veamoslo con curiosidad, sin juicio.

 

Todos tenemos ciertos personajes protagonistas en nuestra mente:

(estos son sólo algunos)

El catastrófico: “Algo horrible te va a pasar”

El perfeccionista: “Lo pudiste hacer mil veces mejor” , “No fue suficiente lo que hiciste”

El juez: “Sos culpable por (…) y mereces un castigo”, “Deberías estar avergonzado/a”

El indeciso: “¿Será que esto me conviene?” (Después de haberlo planeado horas)

El desconfiado: “No puedes confiar en nadie”, “Te va a hacer daño”.

El consentidor: “Cómete ese pastel”, “Mira tres horas de Netflix”.

Ojo el Consentidor y el Juez siempre van de la mano.

El juez: “Por eso estás tan gordo/a”, “Por eso es que nunca vas a lograr tener tu empresa”

Y el crítico constante: “Siempre te levantas tarde”, “Nunca haces ejercicio”, “Que mal te ves en el espejo”.

Sería interesante hacer unas cartas tipo fantasía para cada uno de los personajes.  ¿Cuántas cartas coleccionaríamos?

Sí, es posible

Escribo esto para decirte que sí es posible.

Si es posible verse al espejo y mandarse amor, agradecimiento y cariño. Pero no esperemos que venga natural.

¿De donde viene la crítica?

Tal vez de pequeños sí nos era natural tratarnos con amor, pero no éramos conscientes de ello. De grandes, somos conscientes, pero ya no nos sale natural, porque hemos aprendido a criticarnos.

Muchas veces hemos absorbido esas críticas de nuestro ambiente: cuidadores, familiares, hermanos, maestros y los hemos hecho nuestros:

“Eres un niño/a malcriado/a”. “Tenes que portarte bien y ser buen niño”. “No puede ser que otra vez se te haya olvidado tu agenda, se te olvidara tu cabeza si no la tuvieras pegada al cuello”. “Eres un haragán/a”, “¿Por qué eres tan egoísta?” etc.

Y a veces no es sólo lo que nos dicen, sino cómo lo dicen. Y a veces no es cómo lo dicen, si no las acciones que observamos.

Por supuesto, todos lo aprendimos de alguien más, y la cadena es infinita.

También creamos estos personajes críticos después eventos negativos: fracasos profesionales o amorosos, pérdidas, errores grandes que nos hacen cambiar la forma en cómo vemos el mundo y a nosotros mismos.

La crítica no nos hace ser mejores

¡Si la crítica nos ayudara a ser mejores, todos seríamos super man o super woman!

Pero la realidad nos muestra que no. La crítica nos hace desmotivarnos, tener menos energía, auto-sabotearnos y paralizarnos.

Los estudios nos muestran como la alta crítica está relacionada con el neuroticismo, el bajo progreso en las metas, la depresión, y ansiedad, entre otros.

Pero si dejo de criticarme, nunca voy a cambiar mi comportamiento…

¡No! Esto es un mito.

El aceptar nuestros errores y limitaciones, no es lo mismo que criticarnos.

Por ejemplo:

Crítica: “Si seguís así de despistado nunca vas a conseguir un mejor trabajo. Que fracasado/a.”

Aceptación: “Me está costando concentrarme en el trabajo. Mi tiempo de atención suele ser corto, vamos a ver cuánto y qué puedo hacer”.

Y tenemos otra herramienta: La compasión, que  nos ayuda a tratarnos con amor y amabilidad. La compasión nos recuerda que todos somos humanos y cometemos errores. No juzga, sólo observa con amor.

Compasión: “Está bien, a muchas personas les pasa esto, vamos a idear un sistema que nos ayude” Desde una perspectiva humana, sin juicio.

 

El amor = compasión y aceptación

Mientras más practiquemos la compasión y aceptación, más nos amaremos a nosotros mismos.

Mientras más conscientes seamos de nuestros personajes críticos, menos nos identificaremos con ellos.

Charla en vivo el próximo jueves 10 de Agosto

Voy a estar en mi página de Facebook hablando sobre este tema este jueves 10 a las 7pm Guate.

En específico, voy a compartir los ejercicios que más me han servido para poder aumentar ese amor propio y bajar el crítico.

¡Únete a la conversación! 🙂

Cómo amarse incondicionalmente, sin la crítica constante
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