Cuando era pequeña tuve el atrevimiento de abrir un pajarito muerto. Lo encontré inmóvil en la calle enfrente de mi casa mientras jugaba con mis vecinos. Parecía haber fallecido ya hacía un tiempo, sin embargo no encontré ninguna herida entre sus plumas. Tal vez se chocó con algún vidrio o tuvo algún otro problema. Recuerdo sus ojitos cerrados. Era pequeño y azul. No se me vienen a la mente más detalles, pero sí que mis dos amigos y yo, todos de alrededor de siete u ocho años,  fuimos a la parte cementada de mi jardín, y con un cuchillito abrimos su pecho y exploramos jugando al doctor.

No entiendo cómo pude abrir al pajarito junto con mis vecinos, mi yo actual no lo haría. ¡Ni loca! Sin embargo me asombra la curiosidad con la que deseamos saber qué había debajo de su apariencia.

Se podría decir que era una doctora en potencia, y que pasaría a abrir,  en vez de pajaritos a personas, sin embargo lo cambié por abrir las mentes.

Las mentes también tienen todo un mundo detrás de la apariencia. Se necesita una curiosidad sana para explorar, pero también valor. Mucho valor.

¿Quieres saber como es tu mente por dentro? 

Hagamos una anatomía de la mente, (aunque cada una tiene su propio contenido) veamos la forma.

La teoría que voy a describir está basada en los escritos de Krishnananda (Dr. Thomas Trobe).

Cuando abrimos con el cuchillo nuestra mente, la primera capa que cortamos es dura y poco flexible. Es la capa de protección.  Su propósito es protegernos de la vulnerabilidad. Es un escudo que nos hemos creado para bloquear los recuerdos y hechos dolorosos y evitar que nos hagan daño. Es la forma en que hemos sido capaces de mantener cierto control sobre los miedos que nos acechan. Trasladamos nuestra energía a cualquier parte, a través de la acción, pensamiento, drama, sexo, comida, etc.  Normalmente adoptamos un rol, una autoimagen. Todo esto lo hacemos para escondernos: hacemos papeles de poderoso, víctima, sexy, buen samaritano, espiritual, inteligente, divertido, atlético.  Sin este rol nos volvemos extremadamente vulnerables; perdemos el cobijo para nuestros miedos y estos se quedan al descubierto.

El ataque a nuestra vulnerabilidad durante la niñez fue tan fuerte y prematuro que sin esta forma de protección quizás nunca hubiéramos sobrevivido en estado de cordura. Pero hemos llegado a sentirnos tan identificados y apegados a nuestra protección que, inconscientemente, se ha convertido en nuestra forma de vida. No podemos entrar y salir de forma voluntaria.

Los conflictos que tenemos con otras personas se producen casi siempre cuando dos capas de protección chocan entre sí. Es por eso que yo hablo y seguiré hablando sobre los estilos de apego, que son básicamente, capas de protección hechas con material distinto.  Cuando nos acercamos desde nuestro estado de protección, y no de vulnerabilidad, actuamos de forma defensiva, crítica o evasiva. Se nos hace tremendamente difícil conectarnos con los demás.  Normalmente cuando intentamos influir o cambiar a la otra persona estamos en la capa de protección y no de vulnerabilidad, todo esto incluye tener expectativas, querer herir a la otra persona, intentar controlarla, manipularla, culparla, decir algo sarcástico, juzgarla.

Si seguimos metiendo el cuchillo más adentro, encontramos otra capa. La capa de la vulnerabilidad.  Este es el hogar de nuestro niño herido y asustado. Este es un estado puro, una energía que fluye y está llena de sentimientos. Hay en él alegría, ira, tristeza, creatividad, silencio, etc. Si de pequeños nos hubieran apoyado y animado a descubrir y expresar esas energías naturales y todas las fuerzas recibidas hubieran sido de amor, atención y comprensión, es posible que nuestra capa de protección haya sido muy muy delgada,  (ya que aunque nadie nos haga daño nunca, el ser humano siempre debe lidiar con aspectos de la existencia que son duros: la muerte, el hecho que la vida no tiene un significado aparente, la responsabilidad de tomar decisiones, es decir, la libertad, etc).

Cuando la vulnerabilidad está mezclada con la confianza, puede ser experimentada como algo suave y receptivo, expansivo y maravilloso. Pero sin confianza, la vulnerabilidad produce miedo. De niños nuestra confianza fue dañada (aunque hayamos tenido los mejores padres, ellos repiten lo que conocen y la humanidad ha sido así por siglos) por lo que la vulnerabilidad produce miedo.

Si seguimos metiendo cuchillo hasta “el hueso”, encontramos el núcleo del ser.  Este es un espacio de naturalidad, silencio interior, aceptación de la vida y compasión desbordante donde existe la sensación de entrega, confianza.  Muchas personas se conectan con este espacio por medio de la meditación, en donde nos despojamos de nuestras identificaciones. De niños existimos en este espacio de forma inconsciente, sin identidad, nombre o dirección. Simplemente somos. Existimos en un estado de inocencia y confianza. Al salir de la infancia, perdemos inevitablemente nuestra conexión con ese estado y nos identificamos con la personalidad que adoptamos. Nuestro viaje de regreso hacia el núcleo es nuestro viaje de retorno a ese estado,  no con la inconsciencia de un niño, si no con el conocimiento consciente de un adulto maduro y con experiencia.

Capas del ser

Entonces…

Seamos conscientes de nuestra capa de protección, aceptémosla y démonos cuenta de cómo y por qué se ha formado.

Investiguemos nuestra capa de vulnerabilidad con comprensión compasiva y tierna sanando a ese niño herido, liberándolo del peso de la culpa, la vergüenza, la desaprobación, el miedo al rechazo, etc. A veces experimentar el miedo y el dolor puede permitirnos salir del control para entrar al corazón, abriendo un espacio de compasión y entrega.

Accedamos al núcleo mediante haber conocido y aceptado las capas anteriores, usemos la meditación y el vivir consciente, sin necesidad de interpretar siempre un papel, estando de lleno en el presente y estando cómodos con el silencio.

Cada vez que trabajo con un cliente intento tener este mapa de la autonomía mental, ya que en mi opinión,  una de las mejores intenciones que podemos tener en nuestra vida es conectarnos con ese yo real, nuestro núcleo, pasando y conociendo todas nuestras capas. No nos quedemos sólo en nuestra capa de protección, hay personas que pueden pasar el 90% de su vida en ésta área, pero todos tenemos el potencial de conectarnos con lo más profundo y verdadero.

 

Consultas Guatemala- teléfono para acordar cita+502 50185586 (2) (1)

¡Abrí mi mente y esto fue lo que encontré!
¿Te gustó? Comparte el contenido en:Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *