Alguna vez te has preguntado:

-¿Por qué siempre termino peleando con mi esposo/a?

-¿Por qué será que me siento como un niño regañado cada vez que hablo con él/ella?

-¿Por qué será que nos involucramos tanto en luchas de poder?.

Existe un conocimiento muy valioso que, aunque no lo veo tan presente en nuestra cultura general, puede servirnos más a menudo para mejorar las interacciones que tenemos con los otros y cuál suele ser nuestra posición. El análisis transaccional es la corriente psicológica que nos ayudará en este propósito.

Veamos 4 escenarios distintos, en cada uno de ellos hay una interacción distinta.

1.¿A que hora vamos a comer?

-¿Por qué siempre me estás apurando?

2. ¿A que hora vamos a comer?

-En vez de preguntar, deberías ayudarme al menos una vez a poner la mesa.  

3. ¿A que hora vamos a comer?

A la una y media 

4. ¡Tienes que comerte toda la comida del plato!

-¡Por favor no me obligues!

Ten en mente estos escenarios, que luego los vamos a descifrar.

El psicólogo llamado Erick Berne, descubrió en medio de una consulta, que su paciente parecía tomar diferentes posiciones, a veces como padre o a veces como niño y empezó a referirse a esas entidades por separado.  Él encontró tres estados del ego: el “Padre“, el “Niño” y el “Adulto“.

El Padre representa lo que nuestro cerebro graba de las experiencias externas en los primeros 5 años de edad, aproximadamente. Debido a que en la niñez los contactos mas frecuentes son con nuestros padres, éstos son los que tienen un mayor protagonismo, sin embargo cualquier otra persona que actúe un rol parental es grabado en esta entidad. En este estado están fijadas las normas, los mandatos, los deberías, los “tengo que”, las reglas y más. El padre acarrea todo lo que hemos asimilado o “prestado” de los demás.

Ejemplo de grabaciones en el Padre:

“Mira de los dos lados de la calle”

“Siempre deja tu plato limpio”.

El Padre puede ser un Padre Educador, es decir: da amor incondicional, es cariñoso, da permisos pero también pone límites al comportamiento inaceptable.

Por ejemplo: “Tú puedes lograrlo”, “No te preocupes si fallas, intenta de nuevo”, “No es aceptable que rompas esos cuadernos”.

El Padre también puede ser un Padre Controlador o Crítico. Si es controlador, trata de imponer las ideas o valores al Niño, o simplemente le dice qué debe de hacer. Si es crítico, será agresivo y hostil con los comentarios, prejuicioso o intolerante.

Por ejemplo: “¡Siempre toca la puerta!”, “¡Nunca dejes de pagar tus deudas!” /  “Nunca puedo darte ninguna responsabilidad, todo lo hechas a perder”, “Eres un mal agradecido”.

Reflexión: ¿Qué tipo de “Padre” tienes activo la mayor parte del tiempo?

El Niño representa lo que nuestro cerebro a graba acerca de las experiencias internas, es decir las emociones y sentimientos desde que nace hasta aproximadamente los 5 años de edad. En ésta entidad se incluye la alegría de vivir,  la inocencia, la vulnerabilidad pero también los miedos, los traumas y las inseguridades.

Ejemplo de grabaciones en el niño:

“Cuando ensucié mi pantalón, mi mamá se enojó, me dio miedo”.

“Cuando grité en la reunión, mi papá me alejó, me sentí triste”.

“Cuando vi una película con mis papás, me gustó y me reí, me sentí feliz”.

Existen dos posturas en donde el Niño puede estar:

Niño libre: Es nuestro parte vulnerable y juguetona. Ésta entidad experimenta el mundo de una forma directa e inmediata. Junto con el adulto, es la fuente de la creatividad. Tener un buen contacto con nuestro “Niño libre” es un ingrediente esencial para tener una buenas relaciones íntimas.

Niño adaptado: El Niño adaptado es la parte de nuestra personalidad que se ha acoplado a los mensajes recibidos de sus padres y cuidadores. Todos nos adaptamos en cierto nivel. En este estado se tiene poco contacto con el ser real (niño libre), y se minimiza la intimidad y la creatividad.  El Niño adaptado puede tomar dos modalidades:

  • Niño Adaptado Sumiso: reacciona al mundo tratando de cambiarse a si mismo para pertenecer y ser aceptado. Se acopla a los mensajes del Padre sin cuestionarlos.
  • Niño Adaptado Rebelde: se rebela ante los mandatos del Padre, sin embargo, sigue siendo “adaptado” porque reacciona (de manera predecible), no actúa.

Reflexión: ¿Qué tipo de “Niño” tienes activo la mayor parte del tiempo?

El Adulto es la entidad madura que habla de manera razonable y asertiva, sin tratar de controlar ni de reaccionar agresivamente ante los demás. En este estado nos sentimos cómodos con nosotros mismos y para muchos, es nuestro “yo ideal”, nuestra mejor versión de nosotros mismos. El adulto toma en cuenta lo que quiere el Padre y lo que siente el Niño pero decide por sí mismo. Sabe cómo resolver problemas y es creativo.

Regresemos ahora a los ejemplos de una manera gráfica.

  • Cuando la entidad de una persona se comunica con la misma entidad del otro se considera una transacción simple. En el ejemplo, vemos a un Adulto comunicándose con otro Adulto.
  • Cuando se comunican entre entidades distintas pero permaneciendo en la misma dirección, se llama transacción complementaria. En el ejemplo vemos a al Padre comunicándose con el Niño y Viceversa.

 

 

Transaccion simple

  • Cuando una persona está tratando de comunicarse con una entidad y le responde otra distinta, se llama transacción cruzada. Es ahí donde vienen los mayores problemas de comunicación.

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Es importante anotar que un Padre Educador suele hablarle a un Niño Libre, mientras que un Padre Crítico suele hablarle a un Niño Rebelde. Si nosotros actuamos como un Niño Adaptado, lo más seguro es que recibamos una respuesta de un Padre Crítico y viceversa.

Para tener interacciones más sanas con los demás, mantente atento a que tipo de diálogos estás teniendo con los demás.  ¿Son interacciones simples/complementarias o cruzadas? Para tener interacciones más sanas necesitas desarrollar un Adulto fuerte para que pueda moderar al Padre Crítico y poner límites o alentar al Niño Adaptado. Recuerda que el Adulto es asertivo, no controla pero tampoco es sumiso.

Necesitas practicar el ser consciente de tus estados del Yo y decidir cómo quieres reaccionar. No hay una fórmula mágica para el cambio, sin embargo si decides reaccionar de forma diferente, estarás empezando una espiral positiva que te llevará a probar más, a buscar más información y te motivará para continuar.   Ten en cuenta que este conocimiento te aporta responsabilidad. Eres tú el responsable de estar en la posición de Niño, Adulto o Padre.

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La clave para entender tus interacciones: análisis transaccional
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2 pensamientos en “La clave para entender tus interacciones: análisis transaccional

  • Julio 17, 2016 a las 7:13 am
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    Natalia, me encanto el tema y de hecho me identifico mucho en problemas de comunicacion especialmente con mi pareja me gustaría trabajarlo para poder tener mejores relaciones

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    • Julio 17, 2016 a las 8:33 am
      Enlace permanente

      Gracias por tu comentario Karen!Si! es importante trabajarlo, y lo primero darse cuenta desde que entidad está comunicándose uno 🙂

      Responder

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